Gamificación, un profesor muy divertido
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Gamificación, un profesor muy divertido

El Doctor Isaac Pérez López de la Universidad de Granada nos habla de la importancia del juego en el proceso enseñanza- aprendizaje

No puede hablarse de aprendizaje sin hacer referencia a la motivación. Ni de motivación sin mencionar al profesor, pues éste juega un papel determinante a la hora de aumentar la motivación y predisposición del alumnado hacia el aprendizaje. Siempre y cuando, claro está, le transfiera el protagonismo de su proceso formativo (que le ha sido negado erróneamente durante tanto tiempo), le ofrezca propuestas que le sean significativas y atractivas y le cuestione lo que ya sabe.

En este sentido, una poderosa estrategia para motivar y favorecer el aprendizaje del alumnado es la gamificación  (gamification en el ámbito anglosajón); concepto con un gran auge en el mundo de la dinamización de grupos de empresa, pero de poco arraigado en Educación.

¿Dónde reside su secreto? En hacer de lo cotidiano algo divertido a través de dinámicas y mecánicas de juego. Gracias a la gamificación puede llegar a convertirse una actividad, en principio aburrida o poco motivante, de los empleados de una empresa, los alumnos de un centro educativo…, en algo atractivo y emocionante.

Pero ¿qué puede aportar al proceso de aprendizaje? Concretamente aquello que ha propiciado que los videojuegos, su gran referente, alcancen cada día una mayor expansión en la sociedad actual: la gran motivación que generan, el esfuerzo, la fidelización y otros muchos valores positivos comunes a todos los juegos.

Y para ello, el establecimiento de reglas, el planteamiento de desafíos, la existencia de recompensas o la posibilidad de alcanzar diferentes niveles son elementos básicos en toda propuesta de gamificación a la hora de involucrar a los participantes, motivar la acción, promover el aprendizaje o resolver problemas. Pero no puede pasarse por alto que, para ser considerada como tal, ésta debe sustentarse en aquellos otros aspectos que requieren de la implicación de los participantes como, por ejemplo, el compromiso.

En otras palabras, la gamificación no puede reducirse simplemente a establecer una estructura de recompensas según determinadas acciones realizadas por los jugadores (motivación extrínseca), sino que estos elementos deben derivar hacia la motivación intrínseca, que es lo que realmente justifica su razón de ser y, en definitiva, garantiza su éxito. Y más desde una perspectiva educativa, donde habrá que aprovechar su potencial a la hora de modificar o promover comportamientos deseados.

ENLACES DE INTERÉS

http://www.colefandalucia.com/docs/revista/33.pdf

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