La letra con sangre NO entra
Innovación educativa

La letra con sangre NO entra

El sentido del humor ayuda al docente a generar un ambiente propicio para el aprendizaje

En vez de aprender desaprendemos. Cuando te adentras en el mundo de los niños pequeños te das cuenta que a medida que nos hacemos mayores olvidamos lecciones fundamentales para la vida y una de ellas es el humor.
A las pocas semanas de nacer los bebés descubren la sonrisa y los beneficios que ésta les reporta. Se dan cuenta que al reír, su entorno también ríe y se crea un ambiente tranquilo y feliz. De esta manera, las carcajadas se convierten en un recurso que utilizan continuamente y que les ayuda a salir de las situaciones más difíciles.

Posiblemente este origen de la risa explica por qué el humor se asocia con lo informal, lo  infantil, así como a todo aquello que se considera poco serio y por tanto, poco maduro. Es necesario erradicarlo del entorno educativo y social del niño, al menos de esos espacios en los que se requiere civismo.

La risa se extirpa de la mente y el ser del niño y condena al adulto a una existencia gris y deprimente.  Es hora que la escuela abra las puertas al humor.

La risa en peligro de extinción

El autoritarismo, la falta de inteligencia emocional y el exceso de drama se han convertido en los cazadores furtivos de la educación. Lo que convierte a estudiantes y docentes en víctimas de un sistema que nada tiene que ver con el proceso de enseñanza- aprendizaje.

Es importante que dejemos de pensar que aprender es una cosa muy seria, aprender es lo más divertido del mundo y además si lo hacemos con buen humor podemos obtener estos beneficios:

-Estimula la creatividad
– Favorece el trabajo
– Relaja y suaviza las relaciones personales
– Ayuda a desmontar los miedos
– Antídoto para la dramatización de la vida
– Permite ver las situaciones desde diferentes puntos de vista

Construye una escuela divertida

El sentido del humor se aprende, se enseña y se vive, claro, si uno quiere. Mucha gente confunde el término autoridad con el autoritarismo. Mientras que el primero genera respeto, amor y confianza, el segundo sólo revela inseguridad y torpeza. Aunque parezca paradójico, la risa es lo que da autoridad al educador.

No hay que tener miedo de llenar el aula de risas, color y diversión.  La autoridad no justifica que nos convirtamos en tiranos. El grito y la amenaza nunca han servido y menos ahora. Te proponemos crear un ambiente distendido y verás como de repente tus alumnos te miran con amor y respeto.

Para ello:

1. Convierte a los estudiantes en protagonistas de su aprendizaje

2. Detecta y fomenta sus pasiones. Transforma el aprendizaje en un desafío

3. Utiliza el juego y la investigación como un aliado

4. Desarrolla actividades funcionales, que le permitan sentir que aportan lo mejor de ellos a la sociedad

5. Trabaja las emociones y la relajación

6. Crea un ambiente comunicativo, afectivo y de confianza: mensajes positivos, sorpresas…

 

Sin título
Gracias al humor, las personas logramos separar los estados de ánimo de los problemas. Somos capaces de detectar cómo las emociones nos influyen y por tanto, dar un paso atrás y ver la realidad con mayor nitidez. De esta manera, conseguimos dirigir la energía a solucionar la dificultad en vez de crear un problema nuevo.

Las carcajadas dan poder a la alegría, el agradecimiento, la generosidad y la confianza frente al enfado, el desconcierto, la envidia y el miedo. Pero para que todo esto se dé es necesario desarrollar una educación emocional. La inteligencia emocional debe convertirse en un contenido curricular y no en una materia transversal. Pues como dice Eduardo Galeano el ser humano no está hecho de átomos, sino de historias.

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