La falacia del mérito

La teoría de las inteligencias múltiples hace tambalear el sistema de evaluación actual

¿Has llegado dónde estás porque realmente te lo mereces?
Puede que seas de los que pienses que lo que tienes te lo has ganado  o tal vez, eres de los que creen, que tu esfuerzo no te ha llevado a donde deberías estar.

Y ambos tenéis razón, ya que, el mérito esconde una enorme desigualdad, que condena a la sociedad a la división entre los vencedores y vencidos, entre los que forman parte del sistema y los que se quedan fuera.

De esta manera,  François Dubet saca a la luz el fraude de la libertad que se ha enarbolado en,  lo que él llama,  la escuela democrática de masas y que ha dilapidado a los vencidos condenándolos a la frustración o a la violencia contra el sistema. Es posible, que esto explique los altos niveles de absentismo que se ha alcanzado en España, ya que ¿por qué debería permanecer en un sitio dónde tengo todas las de perder?
Dubet, explica en su libro La escuela de las oportunidades, que el concepto de escuela justa es un asunto vinculado a la política y no a la filosofía o la sociología. Por lo tanto, ésta olvida el principio fundamental de la educación, que es lograr que el individuo sea capaz de desarrollar la totalidad de sus capacidades y talentos para ser dueño de su libertad.

La meritocracia vs las inteligencias múltiples

Desde aquel primer paso por lograr un sistema educativo justo para todas las clases sociales hasta la actualidad se ha andado mucho y, en más de una ocasión, la realidad ha puesto de manifiesto la debilidad de un modelo, que a pesar de las intenciones iniciales estaba condenado a un fracaso constante.

Con la meritocracia, cualquiera podía acceder a la escuela y  ser educado en las mismas competencias que los demás, ya que todos eran considerados iguales. Lo único que los diferenciaba era el mérito y a través de él iban a ser juzgados y seleccionados. Sin embargo, este esquema mantiene la desigualdad social en las desigualdades escolares, por lo que, se hizo necesario desarrollar una discriminación positiva dirigida a individuos y no a colectivos. Así, se traza una frontera entre las desigualdades injustas y el verdadero mérito. Con ello, se busca reducir la falta de igualdad y alcanzar una mayor eficacia y justicia escolar. Pero este modelo parte de la idea de que todos tenemos la misma inteligencia, y que sólo a través de nuestros méritos logramos la diferenciación, principio que hoy se cuestiona gracias a las aportaciones de Howard Gardner, quien formuló la teoría de las inteligencias múltiples. Gardner señala que cada persona tiene por lo menos ocho inteligencias, las cuales, trabajan juntas, aunque como entidades semiautónomas y que, además, cada individuo desarrolla unas más que otras.

Este hallazgo da la posibilidad de mejorar aquellos aspectos de la meritocracia que han provocado la dualidad de vencedores y vencidos. Las nuevas tecnologías son capaces de hacer posible un aprendizaje personalizado que se adecúe a las necesidades de cada estudiante. “Puesto que todos somos distintos, hay que dar una formación distinta a cada uno. Y ahora, gracias a la revolución digital, eso es posible.”

Tal vez, es el momento, como indica Dubet, de que la escuela se resista a la fuerza de su propia creencia en el mérito y que desarrolle estrategias más orientadas a configurar espacios de aprendizaje y no tanto, a marcar la trayectoria que debe seguir el individuo.

Para que la escuela enseñe al alumno a dirigir su existencia es necesaria la participación activa del educando y en este caso, Marc Prensky (2011) nos habla de la educación diferenciada, donde las pasiones individuales se convierten en el medio, que tiene el profesor, de acercase al alumno y motivarle.
Así pues,  conocer las pasiones de los alumnos y dirigirlas hacia los contenidos mínimos es la clave para que sean capaces de configurar una vida de éxito personal libre de la falacia del mérito.

Navigate