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Educar a vista de caracol

El sonido del despertador suena como un pistoletazo de salida que me lanza a la carrera. El tiempo adquiere más y más velocidad a medida que salto de una cosa a otro y al finalizar el día no he reparado en el color del cielo. Esa inercia me empuja a acumular días como quien se llena el estómago de agua. Podré engañar al hambre pero no a la vitalidad. Y así, casi sin fuerzas, me bajo del autobús. El reloj me arrastra por las entrañas de Patraix. El pueblo que un día fue, se ha vestido de modernidad. El ruido y la velocidad encorsetan sus calles. Sin embargo, un dulce olor a jazmín me guía lejos del bullicio y me adentra hasta el corazón del barrio. Un lugar donde la quietud y el silencio reinan, sobre todo, delante de la escoleta infantil El Trenet. El timbre retumba en el centro…

El corazón del docente, la ilusión de enseñar

Vicent Ginés llama a su proyecto de vida M. Una letra que alberga no sólo quién es, un maestro, sino además lo que le apasiona, la magia pero, sobre todo a lo que se dedica, la mediación. Su imagen se aleja del icono del docente. No hay arrugas en su rostro ni una larga barba blanca. Sólo la juventud de una edad temprana pero la sabiduría de quien ha escuchado más que hablado. Raro para un educador pero es que es mago y los magos saben cómo guiar tus ojos hacia lo invisible. “El maestro tiene que captar la atención del alumno como si de un espectáculo de magia se tratara. Primero debe crear un trayecto entretenido para que el estudiante sea capaz de ver la evolución de su aprendizaje, desde el principio hasta el final”. Sólo así se crea magia, el hechizo de la ilusión. Donde lo extraordinario es…

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